Yo como Practicante-Docente
La educación debería ser un proyecto que se da a un hombre para explorarlo todo, pero en especial las cosas más distantes de él mismo[...] La única cura final es apagar las luces y dejar que el hombre descubra la estrellas.
G.K.Chesterton, El Hombre Común
Me miré en el espejo...me vi. Curioso que el hombre necesite cruzarse de vez en cuando con su reflejo para pensarse.
Al mirarme descubrí que mi mirada sigue siendo la misma; di gracias a Dios por eso. De pronto, me vi niña, me vi adolescente, me vi terminando la escuela, y entonces pensé “Cuántas cosas he vivido“...
Dicen que el alma es como una cera caliente, donde quedan marcadas todas las cosas por pequeñas que hayan sido.
Y me recordé en la facultad. Ingresando. Mirando hacia adelante, hacia donde ahora estoy parada y no logro comprender cómo es que ya pasó todo ese tiempo; ¿Cómo? ¿Es cierto que ya estoy dando clases? Tantas veces me he soñado frente a un aula, tantas veces me pensado entre los niños...
El aprendizaje en nuestra vida suele darse de a poquito, sutilmente, día a día, pero hay veces en que uno se da cuenta que ya no es la misma persona que hasta unos instantes atrás, como mi primer día de maestra, el seis de marzo del 2019.
“Y ella es la señorita Mercedes, de tercer grado. ¡Levante la mano seño!“- dijo el director. Había comenzado el año más intenso que tuve en mi vida. Qué iba a saber yo aquel primer día todo lo que viviría entonces y las diversas experiencias que tendría con padres y alumnos.
Fue aprender los ritmos de cada niño, comprender la satisfacción de ver en sus rostros la felicidad de quien siente que le han dado una luz en una noche oscura; fue volverme observadora del detalle, de cada mirada ausente o triste; fue vencer mi cobardía y luchar contra el desmayo ante un niño que llega sangrando y con un tajo en la pierna; fue aprender a ser adulta con los adultos y madre con los niños; fue reconocer que puedo equivocarme y saber enmendarme; salir temblando y con un brillo líquido en los ojos después de un largo día; fue alegrarse mi alma al ver el crecimiento de un niño que agradece a su manera el bien recibido; aprender todo, no desistir, seguir, ponerle el pecho a la vida. Fue reafirmar que elegí bien mi profesión, porque eso es lo que quiero, ser maestra de vida.
Y me vi. Me vi hoy. Qué graciosa es la vida a veces, justo cuando pensé que estaría más canchera en el aula después de un año de experiencias, el mundó cambió. Me dijo: “Ahora, otra cosa. Quiero que aprendas a ser maestra desde tu casa“. Y aquí estoy, día a día pensando en esos niños que apenas conocí en el mes de marzo, tratando de mantener viva sus imágenes para no olvidarme que ellos son mis alumnos y yo su maestra.
Pero la vida aún no ha acabado y eso es lo que le dije a mi reflejo. ¿Qué maestra quiero ser? La que enseñe a crecer. La que invite a buscar qué hay más allá del horizonte. La que ayude al niño a descubrir las estrellas y lo motive a alcanzarlas, que la vida es triste si no la vivimos con una ilusión.

Qué bonita reflexión Mercedes y la imagen que la acompaña...tal cual lo expresas debemos preguntarnos qué maestra quiero ser y perseguir los caminos que nos lleven a ello...de eso se trata de construir ese rol docente, pensarlo y re pensarlo tantas veces como las circunstancias de la realidad lo indique como en este caso particular que estamos viviendo en la actualidad...
ResponderEliminar¡¡¡Linda reflexión!!! Genia la Seño Mercedes.
ResponderEliminar